Archivo mensual: diciembre 2012

“Yo no le temo al fin”

Riveros
Nunca le he temido a los finales, supongo que es porque estamos siempre acabándonos
. Por estos días, en que se habla tanto del fin del mundo, todo el respiro que eso podría significar, se ha bañado en el barniz de una tremenda ignorancia a voluntad, derramada por los medios.

También se ha hecho tanto espacio a la estupidez, de esa que creía que el 12/12/12 significaba algo, como si un mensaje milenario les debiera haber dejado pre digerido, para que no tuvieran que pensar en nada, ni mucho menos intentar comprender, solo copiarlo y pegarlo en Facebook, para luego correr de histeria y sin dirección.

En pleno centro de Guatemala, un reloj de luces cuenta en regresiva cuanto falta para el fin del calendario Maya, mientras que en el museo del Popol Vuh, un incompleto mural trata de explicar en una pasada simple la temida Cuenta Larga. No explica demasiado, como si los textos que dejaron los Mayas hubieran aparecido recién.

Pero también están los que jamás escucharon hablar de esos libros, los que viven días duros e intensos, y a los que el mundo se les acaba a diario. Salir a la calle en México y ver que el Zócalo espera darle la bienvenida al 2013, es como si hubiera esperanza. Que vendan calendarios de 2013 con la foto de los Beatles es que hay un poco de esperanza, no tanta si hay calendarios de One Direction también. Ni hablar de la TV, mejor ni encenderla, tanta estupidez estresa, cuando siempre hay algo mejor para leer o ver.

Yo prefiero un final como el de Melancholia.

Cierto es que necesitamos un final, un sacudón fuerte y traumático como lección. Por eso las películas y las canciones sobre finales siempre han estado entre nosotros, absorbidas por nuestro ADN.

Y los que sentimos un poco así, siempre nos hemos acompañado de canciones sobre finales. Ahí está “Stay togheter” de Suede, que apareció en pleno día de los enamorados de 1994, con su declaración de dónde y que hacer cuando llegara el apocalipsis: “We will dance in the poison rain..”. A Brett Anderson el tema parecía perturbarle. Otro de sus guiños bellos a un final está en “Back to you”: “And when the planet dies, is when I come back to you…”. A la espera de esa señal para actuar con una cordura hasta entonces contenida.

Todas esas canciones tienen un final como una última oportunidad, una chance definitiva de hacer las cosas bien, aunque sea por última vez y ya no sirva mas que de satisfacción. La vida se ha estado acabando siempre.

Ahora que lo escribo, veo que mis discos también, siempre hablaron de finales, como si un vendaval cósmico y fulminante nos regalara un instante de cordura, para despertar, dejarnos de cobardías y vivir de verdad, vivir todos esos viejos “tu y yo”, y por eso escribí muchas canciones así: “Crecer”, “Descifrarme”, “Témpano”“El desastre” y muchas mas.

Y ahora están los que se acordaron de mirar al cielo, pero no con los ojos, si no con la cámara de su teléfono, para la primera luz que no sea de aquí, subirlo a You Tube, en lugar de atesorar el valioso momento en silencio. Yo siempre he preferido mirar al cielo, con él tengo algunos secretos, como que sé que ves las estrellas primero.

Los finales me cansan, el pánico es torpe y poco elegante.

Desde niño leí cuentos de finales, del último día en la tierra, de decir buenas noches por ultima vez y sin dramatismo, de las despedidas frías y sin lágrimas.

Ahora cruzo una ciudad que no es en la que nací, pero es la que escogí para que fuera mi ciudad, y aquí es dónde sé de esa histeria absurda, de los que no han entendido que acabar es necesario para comenzar.

Los finales no me dan pena, por el contrario, y sé que están allí porque nada es para siempre, y eso es algo que terminamos de entender cuando nos hacemos grandes de verdad.