Archivo mensual: enero 2016

Adiós hombre de las estrellas

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Hace unos meses, cuando estaba escribiendo mi primer volumen de cuentos, uno de ellos trataba de uno de los días mas tristes de la tierra: La noche en que moría David Bowie. En un momento imaginé como sería esa noche, en que saldríamos a la calle con una pena silenciosa y común, sintiendo que se apagaba una estrella de verdad, no sólo del rock, una estrella de la que venía este hombre que describió en su propia canción.

En las casas sonaría ‘Life on Mars?’ al unísono, y nos reuniríamos en silencio con nuestros amigos, que también apreciaban su música, para abrazar nuestra pena. Cuando llevaba un poco más de una plana me detuve y deseché la idea. Me pareció de pronto morbosa, demasiado triste y fantástica. Ese día no podía llegar, al menos, no deberíamos estar allí.

Inevitablemente anoche esa noticia llegó.

Lo leí de madrugada en su estado de Facebook, me quedé helado y no lo creí. Luego busqué en Twitter, donde abundan las muertes inventadas, esperando que alguien desmintiera, pero la prensa dormía en todo el planeta. Actualicé varias veces NME y nada hasta que leí un tweet de su hijo, lo que confirmaba lo que decía en todas sus redes oficiales. De ahí había que dejar de leer.
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Soy de los que se enamoró de Ziggy Stadust, y se me vienen a la mente muchos episodios de la vida marcados por sus obras, desde esas primeras veces que me empiné al tocadiscos para poner su música hasta lo maravillado que me quedé la semana pasada cuando apareció su disco “Blackstar”. Y muchos, muchos momentos más.
De Bowie aprendí mucho, mis propios cambios estéticos vienen un poco de allí. Fue parte importante de mi banda sonora en mi formación de artista, ahí reafirmé que podía abusar de mi propia ambigüedad en escena, que podía cambiar cuantas veces quisiera, y que no tenía porque sonar toda la vida igual.
Su muerte es como si desapareciera en este siglo un antiguo genio renacentista, es como si se muriese otra vez Da Vinci, así, sin exagerar, porque su obra es grandiosa, monumental y necesitaríamos otros cien años para agradecerle, y para entender todo lo que está entre líneas, como lo último que hizo, esa manera elegante y genial de despedirse con un disco como Blackstar. Bowie se apagaba en silencio, acabado por el cáncer, mientras el mundo que no lo sabía, esperaba que se subiera una vez más al escenario.
Con toda esta atención sobre su muerte hoy, sería bueno que dejarán de llamarle “camaleón”, pues el mismo aclaró que era todo lo contrario, pues si el camaleón se adapta a su entorno, lo que David Bowie era lo opuesto, él nunca se adaptó a las modas, si no que ellas vinieron a recoger sus pisadas.
El mundo ya no es el mismo y no exagero. Es un día triste y los que amamos la música no lo olvidaremos jamás.
Gracias por todo, y hasta siempre hombre de las estrellas.
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