Archivo mensual: marzo 2017

El Poeta Bueno

(Mauricio Riveros, Marzo de 2017)

 

Vino el poeta bueno,

pero llegó tarde

Nunca antes había visto mis luces

que siempre hablaron en otra dirección

Llegó tarde para lo antiguo

tarde para celebrar el pasado

tarde para salir en fotos que ya no sirven

y tarde para el postre,

que para mí hoy es de pura química

El poeta bueno llegó después de todo eso y más,

pero llegó tan a tiempo

para ver como ahora despierto

en este traje de hombre nuevo.


¿Es válido re-escribir nuestra poesía?

Esta es una pregunta que se le puede aparecer de frente a algún poeta que vaya a publicar por primera vez su trabajo, en el momento en que le toca reunir textos escritos en otros tiempos, con otros ánimos y en otra etapa de su vida, al cuestionarse si están lo suficientemente bien vestidos como para ser presentados en sociedad. Y ya saben lo que dicen, que la primera impresión es siempre la que cuenta.

Por Mauricio Riveros.

Cuando un escritor revisa manuscritos y borradores para dar forma a su primera publicación, es lógico que se den algún tipo de correcciones; anomalías de texto que se saltaron un orden o sentido a causa de una irrefrenable pasión adolescente, el deseo de seguir escribiendo hasta alcanzar la cima de una idea, o simplemente por mera despreocupación del momento.

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Por eso es comprensible que un escritor recurra a una ‘manita de gato’, a una mejoría estética de la palabra sin alterar la estructura, o a una corrección express sobre una idea que en el momento original no alcanzó a quedar bien plasmada.

Sin embargo, existen voces estrictas que exigen la no alteración de una obra en su estado en bruto, las que prefieren que se publique tal cual lo dice su voz original, algo que complica a los traductores por ejemplo, aunque en rigor no se trate de un cambio tan drástico, pues esta estética de la palabra no obedece a la misma exigencia de la restauración de una pintura, ni va a tener el mismo impacto en la obra.

El año pasado realicé un taller en que propuse a los participantes un ejercicio parecido. Le pedí a los poetas que tomaran un texto propio, antiguo, y que lo reescribieran, sólo ciñéndose a cambios estéticos y no de ideas: Usar otras palabras, una variación de dirección que llevará al mismo camino, sin cambiar la esencia del texto. El resultado fue interesante para todos.

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El ejercicio siguiente fue pedirles que tomaran ese mismo texto refaccionado, y que lo intercambiaran con otro alumno del mismo taller para que fuera reinterpretado por otra pluma y otra mente: En general, el resultado fue que los poetas se habrían reconocido a pesar de los cambios hechos por sus compañeros, como si tuvieran que dejar que entraran a sus casas y se las remodelaran, y que aun siguieran sintiéndolo su hogar.

Pero el cuestionamiento sobre reescribir algo que ya está escrito, surge también, sobre una obra ya publicada, en el terreno de las reediciones o las antologías, por ejemplo.

Asem-juan2lguna vez un periodista le preguntó a Octavio Paz acerca de las modificaciones que había hecho con “Libertad Bajo Palabra” cada vez que se enfrentaba a una reedición, a lo que el Premio Nobel contestó: “(Fue) por razones de orden poético. Por fidelidad a mí mismo. Los cambios tienden a decir las cosas mejor, nada más”.

Decir las cosas mejor. A eso puede reducirse todo, en una época en que la poesía se lee menos, se vive más rápido, y lamentablemente casi todo se consume en un click, sin ir más lejos, este mismo texto está al alcance de un click. Sin embargo, intentar este ejercicio de decir mejor al publicar, puede entenderse como la oportunidad de vestirse mejor para entrar a la biblioteca de alguien que nos ha preferido.


Los Golpecitos.

Mauricio Riveros, del libro “Desde arriba nadie te ve” (México, 2014)

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Como parte del cuerpo

El pensamiento sobre tí, se acomodó mientras yo dormía

No sé si fue una voluntad secreta

O es que se aprovechó con cobardía.

Al despertar me golpeó dos, o tres veces en la puerta del pecho

Le ignoré, saltó despacio, otra vez fuerte dentro de mi

Ya sé que estabas allí

Ya supe que eras tú lo que yo tenía

Luego de días de ignorar,

Los golpes y los saltos no sólo vinieron de noche

Venían siempre en los días en que no estabas

Pero fue peor cuando me golpearon en tu presencia

Y ya no fue uno

Ni dos,

Fueron como las gotas de un diluvio

Y tú y yo ya sabemos de diluvios

Gotas otra vez aprovechándose de mi voluntad

Se dispusieron todas cómodas ente mi mirada

Todo el día, todos los días

Entonces ya no quiero ver más ese mundo a la cara porque duele

Tampoco quiero más los golpecitos.